Reflexiones diarias sobre argumentos de espiritualidad y vida carmelitana, con incursiones en el mundo del arte y de la cultura

sábado, 3 de noviembre de 2012

El Cantar de los cantares (1)

«El mundo entero no vale lo que el día en que le fue dado a Israel el Cantar de los Cantares. Todos los escritos inspirados son santos, pero el Cantar de los Cantares es el santo de los santos» (Yadayim 111,5).

«Cantar de los Cantares» es una traducción, al pie de la letra, del título hebreo Shir Hashirim, que es una forma superlativa. Sería más correcto traducirlo como «El Cantar más hermoso» o «El mejor Cantar», pero también es bueno conservar la forma tradicional para no crear confusión, siempre que tengamos en cuenta su significado. El libro trata de temas populares (los enamorados que se buscan, los desencuentros, las dificultades para unirse, las descripciones de la persona amada…), muy comunes en las poesías y en los cantos de amor de la antigüedad y de todos los tiempos. Pero lo hace usando imágenes muy elaboradas, lo que habla de un autor (o de varios) de gran cultura y sensibilidad, un verdadero poeta, capaz de transmitir sentimientos profundos con sus palabras. La redacción final es del s. III a.C., después de que los judíos volvieron del exilio de Babilonia. Se puede comprobar fácilmente, porque el texto hebreo tiene palabras y expresiones tomadas del arameo e incluso del persa y del griego.

El libro está compuesto por cinco largas canciones relacionadas con la alegría del amor y con los festejos de las bodas. Algunos versos mencionan a los esposos, el velo de la esposa (que se usaba en la ceremonia de la boda), así como las flores y las ramas de cedros y cipreses con las que las amigas de la novia adornaban la casa con motivo del matrimonio. Los poemas describen el amor mutuo entre unos enamorados que se buscan, se encuentran, se alejan temporalmente y se vuelven a encontrar, movidos por un profundo deseo de mutua pertenencia. El joven pide a la muchacha que vaya a reunirse con él, y su deseo es tan ardiente como la primavera. La naturaleza se hace cómplice: las flores se multiplican, la tórtola hace oír su arrullo en el campo y el sol madura los frutos.

El Cantar de los Cantares desarrolla el tema de una búsqueda basada en la certeza de que aquel a quien amamos también nos ama, por lo que él también nos busca y nos desea. Al mismo tiempo se hacen presentes el ansia y el sufrimiento que genera la larga espera. El encuentro suscita alegría y entusiasmo, pero después vuelve la ausencia y crece el deseo. Se describe el juego del amor, que recorre toda existencia: desde la madre que se esconde para provocar la sorpresa y el gozo del niño cuando la vuelve a ver, pasando por la confianza de los amigos que se divierten juntos y esperan volver a encontrarse para vivir nuevas aventuras, y desembocando en la pasión de los esposos, que se besan y se abrazan, y en el compromiso de construir una familia juntos. El amor se compone de ausencias y presencias, de búsquedas y de encuentros, de esperanzas y de temores.

En algunos versos el novio-esposo es un pastor trashumante, por lo que los prometidos han vivido separados por los rigores del invierno. Ella ha permanecido en su casa, en la población de origen de los enamorados, mientras que él ha guiado los rebaños a una zona templada durante la estación fría. Pero cuando llega la primavera (2,11) el novio se desplaza con su rebaño a través de las montañas de Judá (2,8) y se aproxima a la casa de la novia, ardiendo de deseos de encontrarla. En su impaciencia, ella espía junto al muro, próxima a la ventana y detrás de la puerta, esperando un signo de su llegada. Finalmente oye su voz que la invita al encuentro (2,10). El pasaje describe la pasión de los prometidos, que arden en deseos de estar juntos y que se esperan mutuamente con la impaciencia del encuentro.

Con el amado estalla la vida. Es él (amante y amado, poseído y poseedor a la vez) quien atrae a la esposa y alegra su existencia. Movido por el amor, dice a su enamorada: «Amada mía, hermosa mía, paloma mía, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz y es hermosa tu figura» (2,14). Y ella le responde: «Mi amado es mío y yo soy suya» (2,16). Sentirse amada por aquel a quien se ama, ¿hay algún estímulo mejor para encontrar el gozo de vivir? 

Pero el amado, como todas las cosas de la vida, tiene que volver a ponerse en camino. «¡Vuelve!», le dice la amada. ¿Qué otra cosa podría decirle? Él ha tenido que irse sin haberse entregado del todo. Y el amor no puede quedar tranquilo a la espera de aquello que le hace vivir. Arrastrada por el deseo de encontrarlo y de unirse a él, sale a buscarlo por los caminos y las plazas (3,2), preguntando a todos los que encuentra si le han visto, sin desanimarse cuando sufre burlas e incluso violencia en la búsqueda. Y, por fin, lo descubre de nuevo, se abraza a él y una vez más insiste en que no lo dejará hasta que haya saciado todos los deseos de su vida (3,4).

Mañana, si Dios quiere, más. Feliz día.

10 comentarios:

  1. Siempre he disfrutado con el Cantar de los Cantares, incluso sin comprender muchas cosas. Es un libro que transmite paz y alegría.

    ResponderEliminar
  2. ¡¡Gracias padre!! ¡Que bien sabe explicarnos las cosas!
    Yo lo leo y me parece hermoso, pero como yo no soy muy lista, se me escapan las cosas y no entiendo todo, pero asi explicado me encanta. Fina

    ResponderEliminar
  3. Gracias Padre, es una delicia y una suerte, poder leer las interpretaciones de los textos sagrados como Ud. los explica, se hacen más comprensibles y transmiten sentimientos de amor y paz.Isabel

    ResponderEliminar
  4. Ya estoy deseando leer la entrada de mañana. Muchas veces rezo a Jesús con palabras y canciones tomadas del cantar.

    ResponderEliminar
  5. Es una verdadera maravilla como explica cualquier texto biblico con sencillez y poniendose a la altura, en mi caso, de mi ignorancia. Lo complicado, lo convierte en simple. Doy gracias a Dios una vez mas por haberle puesto en mi camino.

    ResponderEliminar
  6. ¡Qué bonita sorpresa la de esta mañana!Ha sido un regalo renovar la
    llamada al encuentro.Señor,que mi alma siempre te busque con ansia y
    tenga sed de Ti.Repetiré como un "mantra" la respuesta de la amada:"Mi
    amado es mío y yo soy suya".Gracias P.Eduardo,es una caricia del amado
    la entrada de cada día.Betania

    ResponderEliminar
  7. Auténtica joya de la literatura univeral de todos los tiempos, tanto en su forma como en su sgnificado místico, aunque con imágenes de dificil interpretación. Es una suerte contar con un excepcional "pedagogo" que sabe bajar a mi altura para que disfrute tanta belleza. Mary Paz

    ResponderEliminar
  8. P. Eduardo, este texto me recuerda mucho a la poesía de San Juan de la Cruz.
    Él supo darle significado y ponerle música a estas palabras.

    ResponderEliminar
  9. Que en el ocaso del día me encuentre el Canto más sublime interpretado por usted,no puede ser otra cosa que,Dios derramando su Gloria.
    Me es imposible leer la narración y no recordarle en otro convento explicandonos el sentido,el perfume y el Amor de cada palabra.
    No he conocido a ningun varon explicar con palabras santas ¡¡La belleza de tanto Amor!!
    Una vez mas...FELICIDADES.
    Nos enamora de Dios con su amor.

    ResponderEliminar
  10. Una autentica joya de la espiritualidad, que nos habla acerca del amor de Dios por cada uno de nosotros, a mi me ha ayudado a entenderlo mas profundamente los sermones sobre el Cantar de los Cantares de San Bernardo de Claraval, un libro digno de leerse. Bendiciones Padre Eduardo

    ResponderEliminar